¡Hola a todos y todas las amigas del huerto!

Cada 24 de octubre se celebra el Día Internacional contra el Cambio Climático, una buena ocasión para hablar de algo que también se nota en nuestro huerto: cómo este cambio afecta a las plantas, a los animales y a nuestros cultivos.

Las plantas hacen muchas cosas por nosotros sin que nos demos cuenta: limpian el agua, guardan carbono, sujetan la tierra para que no se erosione y ayudan a mantener a raya a otras especies que no deberían estar ahí. Con el cambio climático, las plantas se debilitan, y todo ese trabajo tan importante que hacen se ve afectado. Además, unas plantas más débiles son también más fáciles de enfermar y más vulnerables a las plagas.

Cuando las plantas y los animales dejan de ir a la vez

Muchas plantas y animales llevan miles de años funcionando como un reloj bien sincronizado: por ejemplo, las flores se abren justo cuando las abejas las necesitan, y las abejas aparecen justo cuando las flores están listas. El problema es que, con el cambio climático, las plantas se adaptan al nuevo clima más rápido que los animales, y ese reloj se descoloca. Si una flor se abre antes o un animal llega de otro lugar al migrar más tarde de lo habitual, pueden dejar de coincidir, y eso afecta a relaciones muy importantes: quién poliniza a quién, quién caza a quién, o quién ayuda a esparcir las semillas de una planta para que crezca en otro sitio. Si una semilla necesita que un animal la lleve y ese animal llega tarde, puede que la semilla no esté, lo que hace que esa planta lo pase mal para seguir reproduciéndose.

Los animales también cambian su comportamiento

Con más días de calor, algunos animales, sobre todo insectos y anfibios, alargan su época de actividad; otros se ven obligados a cambiar de lugar porque no están acostumbrados a esa temperatura, y otros pueden no encontrar su alimento porque algunos animales o plantas ya no están al cambiar el clima. Al final, toda la relación que existe entre los animales y su entorno dentro de un ecosistema se puede ver afectada, porque provoca un efecto cascada: empieza con cambios pequeños que están relacionados con otros, hasta que provocan efectos grandes sobre muchas especies.

¿Y qué pasa con nuestros cultivos?

En las hortalizas y demás cultivos, estos cambios también se notan:

  • La polinización falla más, y eso significa cosechas más pequeñas y de peor calidad.
  • Necesitan más agua de riego que antes.
  • Sufren más episodios de calor extremo, tormentas fuertes o sequías.
  • Se vuelven más propensos a ciertos microorganismos que pueden estropear los alimentos y hacer que no sean seguros para comer.

¿Qué podemos hacer desde nuestro huerto escolar?

Cuidar la biodiversidad de nuestro huerto —dejando sitio a insectos y polinizadores, plantando variedad de especies, cuidando bien el suelo— ayuda a que ese «reloj» entre plantas y animales funcione mejor, aunque sea a pequeña escala. Y observar cómo van cambiando las cosas de un año a otro es una manera estupenda de aprender de verdad cómo funciona la naturaleza.

¿Habéis notado algún cambio en las plantas o los animales de vuestro huerto? ¡Contadnos en los comentarios qué os ha llamado la atención!